miércoles, 4 de mayo de 2011

La tregua concedida




Viento-libertad y olor a acetona,
el mar mucho más lejos,
inabarcable en la gruta urbana
semáfotos que pestañean a mi paso
y bebés que hacen muecas
como si sus madres no mirasen.
La bicicleta mucho más rápido,
paralela a mis huesos,
con pedaleo titubeante
que esquiva la vida y sus síntomas,
estallido de un drama
a la salida del metro,
coches que nos acechan,
edificios que no han reparado,
en su solemne presencia de siglos escindidos.
Sólo me ocupa, el material cernido sobre su peso propio,
la gravedad de todo lo orgánico,
árboles y plazas enroscadas al paisaje,
como si no les importara mi existencia
y todo cupiera en el alcance mínimo
de una respiración acertada.
Todos estamos bien,
la ciudad no me miente.
Aquí esta lo imprescindible.
No me resisto.
Transcurro
Pedaleo que se mece
en la filigrana infinita de tu calle,
estados de vida itinerantes,
procesos cotidianos,
que invitan a observar cómo huye el silencio.
Más tarde,
sólo si tú aún quieres,
estrellas que nos toman el relevo.

Alguien dijo que la vida podía ser una banda sonora de Yann Tiersen,
ojalá, noche, cuerpo, mundo, .

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