No guardo el cofre de la adolescente muerta,
aunque quizás no es de acero el metal
de la lágrima que no se atreve a estar viva,
ni tampoco es de lluvia su aliento.
La adolescente muerta imita la caligrafía de tus párpados,
el alambre oxidado de tus piernas arqueadas
y la propuesta de sonrisa manchada de café.
Hay quien aprende a bailar con cuerpos cercenados.
Pero ella no.
Ella siempre echó de menos tus pies.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
Nos quedará siempre
¿Cuánto Paris hemos tenido?
Y ciega el alcance de una mirada transversal,
al otro lado de la mesa,dónde se acumulan las preguntas
como cervezas que temen vaciarse del todo.
Yo soy una experta en París..
Yo sé que París cabe en una habitación,
en aquel somier en el sueloque agotaba las palabras que todos comprendíamos,
las piernas modernas que se abrían y
unas muecas antiguas que querían ser eternas,
el azar de orificios cansados de mentirse,
y de pieles extendidas como asfalto de ciudad,
exentos de imprudencia y de desencanto, hambrientos de delicia, el futuro era una fiebre.
Mientras la mirada transversal impacta con una duda
y la pregunta ya no es pregunta
sino una sustancia verde que quiere ser recuerdo
pero se parece a la mediocridad.Alrededor de nuestras lágrimas han construido palacios de ikea,
no nos dimos cuenta de que crecían,de que se comían las somieres en el suelo,
de que arrancaban las hojas y los versos,
las posturas y las espaldas enmarcadas en la pared.
Nos conquistó su inmediatez, su seguridad de tornillos,
la limpieza de sus formas depuradas, como corcheas
argumentando una sinfonía de Bach.
No lo paramos a tiempo.
No lo vimos venir.
París no fue suficiente.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Silvia llama a las tres de la mañana
Te limpias las voces de los demás,
con gestos de pez susurro
y septiembre teje una lombriz
que me viene a decir que son humo,
tus dientes.
Solo se enciende un par de veces al mes
el bazar donde te venden el mar, a puñaladas.
La sangre que corre después
nunca te recuerda tan pálida.
Se equivocan tus ojos, desdén.
¿y qué más?
Se equivoca tu geometría de escamas.
con gestos de pez susurro
y septiembre teje una lombriz
que me viene a decir que son humo,
tus dientes.
Solo se enciende un par de veces al mes
el bazar donde te venden el mar, a puñaladas.
La sangre que corre después
nunca te recuerda tan pálida.
Se equivocan tus ojos, desdén.
¿y qué más?
Se equivoca tu geometría de escamas.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Ciudades que nos borran el camino
Tu ciudad tiene una lluvia matemática,
hilvanada de paraguas en silencio,
No inventaron este lugar para mí.
Ahora, otras ciudades se enroscan en mi cabeza,
como una corona de peces muertos.
Quiero regresar a aquel portal,
quiero jurar la llegada de todos los comienzos.
Plazas que son clavículas,
recuerdan sus grandes noches...
Yo estuve en alguna de ellas,
yo fui también sus intestinos,
el azufre necesario de su lágrima.
Pero esta ciudad olvida sus alientos,
sus órganos internos
heridos de indolencia
No iré a ningún sitio
si no respiras conmigo las ventanas,
agujeros oscuros de duendes en cuclillas,
No iré a ningún sitio mientras haya miedo,
miedo de rodillas estáticas,
miedo de afilar, por si acaso, los cuchillos.
Y es entonces, con el terror atenazado en los nudillos
cuando comprendo que en realidad
hace ya mucho que no estás
y no hay ventanas, ni portal,
ni desagüe compartido,
ni frontera digerida,
ni abrazo que me salve de mí misma.
Todavía guardo tu saliva purpura al decir:
Las ciudades nunca se parecen a nosotros.
hilvanada de paraguas en silencio,
No inventaron este lugar para mí.
Ahora, otras ciudades se enroscan en mi cabeza,
como una corona de peces muertos.
Quiero regresar a aquel portal,
quiero jurar la llegada de todos los comienzos.
Plazas que son clavículas,
recuerdan sus grandes noches...
Yo estuve en alguna de ellas,
yo fui también sus intestinos,
el azufre necesario de su lágrima.
Pero esta ciudad olvida sus alientos,
sus órganos internos
heridos de indolencia
No iré a ningún sitio
si no respiras conmigo las ventanas,
agujeros oscuros de duendes en cuclillas,
No iré a ningún sitio mientras haya miedo,
miedo de rodillas estáticas,
miedo de afilar, por si acaso, los cuchillos.
Y es entonces, con el terror atenazado en los nudillos
cuando comprendo que en realidad
hace ya mucho que no estás
y no hay ventanas, ni portal,
ni desagüe compartido,
ni frontera digerida,
ni abrazo que me salve de mí misma.
Todavía guardo tu saliva purpura al decir:
Las ciudades nunca se parecen a nosotros.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Elisabeth Vogler ha perdido el habla
Soñaba con que la esperaran en una estación llena de paraguas,
pero hacían falta muchos paraguas,
demasiados paraguas,
y dejó de llover,
desapareció la estación,
nadie la había esperado nunca.
pero hacían falta muchos paraguas,
demasiados paraguas,
y dejó de llover,
desapareció la estación,
nadie la había esperado nunca.
miércoles, 31 de agosto de 2011
En la estación fantasma

Viajar en tren es como ver películas,
colección de fotogramas perforados,
que se arrancan unos a otros,
muerden el presente hasta convertirlo en paisaje.
Viajar en tren es un misterio lleno de noche,
donde se esfuma la luz que tienen los secretos,
donde se roba la imagen que apenas se adivina,
y el futuro transcurre en las vias que mecen
el minuto oscuro de las horas.
Después, al despertar, un nuevo mundo,
exhibiendo orgulloso su impreciso fragmento,
errores sinfónicos y melodías de ácaros,
minúsculo el latir de otro mapa,
que apenas te cabe en la mejilla.
Valencia, sopa cenicienta,
hundida en su capota de grises estresados,
edificios asimétricos que te devuelven la sonrisa,
siniestra con la ruina que dejan los veranos.
Sé de huir los territorios,
sé del desorden
y sé de ver pasar trenes,
que nunca volvieron,
que no me esperaron,
que jamás me atreví a preguntar
a dónde diablos iban.
viernes, 1 de julio de 2011
lo que debió haber pasado
NO
ENE O.
Los amaneceres sonreirían siniestros
si me vieran retroceder.
Es cierto,
estoy hambrienta.
Voy al acecho de un mordisco de pasado
que avive nuestra incisión de noches encubiertas.
Pero no.
Me quitaré toda esta infancia a puñetazos,
arrancaré toda la piel que me disfraza.
Aquella, a la que besaste con los ojos abiertos
no vendrá ya ninguna noche,
Aquella, a la que sostuviste entre tus brazos
no vendrá ya ninguna noche.
Aquella, con la que compartiste la carne indigestada
y una niebla nocturna,
no vendrá ya ninguna noche.
Aquella, con la que solías desvelarte
ya no existe.
Este presente que hace aguas en tus manos,
es sólo un espejismo.
Por más, que mis labios me desmientan,
por más que tu boca me persiga.
La nostalgia es una forma de resistencia, inútil.
Nadie sabe abrazar las brasas de lo que ya ha ardido.
Ineficaz es la memoria,
cuando se empeña en retener su feudo de ruinas enmarcadas.
No inventes, caminos de vuelta.
Parecen atajos
pero son laberintos,
en ellos el tiempo es sólo un tubo sin historia.
No nos perdamos más.
Con tu rotunda presencia de recuerdo,
no quieras hacerte realidad.
Guardémosle a los años, el respeto.
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